Tenía que ser Juanfran

Fue una tarde típica de septiembre. Tras 12 horas de lluvia y nubes sobre la ciudad de Valencia, allá a las 15.30 de la tarde el sol decidió salir. No quería perdérselo, 103 años esperando el momento para que unas nubes le impidieran ver los primeros pasos de ‘chaval’ por Europa. Los alrededores de Orriols fueron llenándose tres horas antes del encuentro. Sí, hace un año, cualquier jueves hubiera sido una calle casi fantasma. Pero ayer no.

Nada de presión en el ambiente, era todo optimismo e ilusión. La famosa ‘concatenación de circunstancias’ y el ‘yunque de la adversidad’ también quedaron esa tarde. Pero no para trabajar, sino para sentarse en la grada y disfrutar del momento. Allí estaba también el césped, bueno, no el de siempre, era familia pero lejana. Ya ves, tras más de cuarenta años él sí se lo perdió. Pero Raimon, su fiel amigo y compañero tanto tiempo seguro que sacó un trocito de ese ‘verde’ que vio pasar al Girona, Gramanet o Mestalleta y que tenía guardado en su rincón histórico.

Llegó un autobús con un letrero nuevo: Helsingborgs. Bajaron hablando un idioma distinto, lo mismo que el colegiado. Sonaba una música celestial, una que avisaba que eso no era un amistos, ni un torneo de verano, ni la Copa del Rey, ni un pago por la compra o venta de un jugador. Era un partido de la Europa League.

Arrancó y la gente era feliz ya. Con el 0-0 no había enfados, ni discusiones, ni protestas… Bueno, alguno seguro que pedía ya la cabeza del técnico o el trofeo europeo. Eso en el Ciutat es normal y hasta necesario. Eso significa que la afición sigue viva.

Y pasaba el tiempo hasta que nuetro ‘niño’ lo paró. Sí, ese chavalín que nació en Valencia y dio sus primeras patadas a un balón en el club de Serrano. Que después, como iba con sus mayores al Ciutat, el destino lo vistió de azulgrana. De un corazón enorme, su zurda le llevó a uno de esos ascensos del Levante de Segunda B a Segunda. Y que su calidad le hizo estar presente en el resurgimiento del otro club de la ciudad, el Valencia, estando en la Copa del Rey del 99.

Vistió de blanquinegro, pero su corazón y su sangre era levantinista. Extrañas circunstancias le llevaron al eterno rival, las mismas que lo sacaron de Mestalla para recalar en Vigo. Allí Europa ya lo empezó a ver en la desaparecida Copa de la UEFA. Y gustó tanto que se fue a Turquía, al Besiktas. Y de ahí, nuestro mejor embajador se marchó al Ajax para ganar otra Copa. Zaragoza y Atenas (AEK) disfrutaron de su raza y carisma.

Pero él quería volver a defender a su equipo. El Levante. Y regresó para vivir los mejores años del club.

El fútbol, ese deporte injusto en ocasiones, ayer no lo fue. Fue más justo que nunca. Porque él, el chaval, nuestro chaval será ya un capítulo entero de la historia del Levante. No podía ser otro. Bueno sí, ‘Papá’, pero ‘Papá’ está en otros temas, en tener unido al vestuario, en animarlo en los malos momentos, a frenar la euforia en los buenos. Papá es educado y sabe que Juanfran debía ser el elegido.

Fue en el minuto 41 y, como no, tal como es él, una chispa, una picardía, cuando nadie se lo esperaba, Juanfran pidió el balón, entró en el área y volvió a hacer felices a todos sus ‘hermanos’ de sangre. 1-0, el resto sobró. Ya el chaval ha dejado de ser un jugador, para pasar a ser parte del club. El Levante. Gracias Juanfran.

 

Jorge Almela Muñoz

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